Reflexión sobre una frase sacada de contexto

Ya no están los tiempos para andar hablando de poesía como si no pasara nada. Algunos esperan que un poema se pueda meter en la cazuela para hacer mas nutritivo el caldo. Acaso otros esperan que un poema cambie el curso de la historia. Que la poesía sea una cura, una respuesta, que el poema funde algo, que sea portador del mensaje de los dioses, servidor de un manifiesto, una defensa de la idea y que el poeta sea un profeta, un salvador o un famoso. 

Hay un bar bien conocido donde revolotea la palabra poesía de esquina a esquina, algunos la escupen aguantando el gas del shop en la garganta, seduciendo a la joven poeta con sus doctas referencias al señor filósofo Martin Heidegger (pero en alemán), tomándole la mano mientras cuentan la historia de lo que ya se hizo y lo que se viene, los libros de poesía conceptual sobre muebles reciclados. 

Las mafiosas fundaciones, los concursos, las editoriales valoradas por su visibilidad, los cahuines, el chaqueteo, los combos, el centralismo. Lujito estético, edulcorante, adorno, anexo del cual gozan intelectuales doctores profesores PhD. y por supuesto, sus autores. Lujito de poeta el que se ofende porque no lo invitan, porque no leen su currículum vitae muy extenso cuando lo presentan y no ser considerado para tal o cual estudio, programa, entrevista, libro, mesa de lectura para pasarse de los 15 minutos asignados y latear a todo el mundo. 

Poeta incipiente busca oportunidad para lanzarse al canon de la gran “L”. Antologías van y vienen (todavía). Se invita a tal o cual poeta joven, poeta proleta poeta mapuche, poeta mujer, para saborear un poco más el preparado con olor a extractivismo (seguimos con cazuela), manteniendo durante siglos los mismos modos para la satisfacción de los padres de la poesía shilena que solo se replican a sí mismos a través de sus talleres workshops para nunca renunciar al patético recuerdo de su grandeza. El neoliberal se camufla y su entrada dorada es el despreciable ego de poeta que busca reconocimiento, permanencia, inmortalidad a toda costa. 

¿Hay poetas en Valdivia?, me preguntaron una vez en Santiago. Pensé en las ñañas de este territorio, a quienes admiro, y entonces comprendí que no me preguntaban por la poesía. Como que la poesía se viene chacreando desde hace mucho rato. Pasó a ser un escenario para el personaje que se alimenta de la baba de sus botas, bien adaptado al capitalismo neoliberal, en tanto competidor, predador y vendedor de pomada, pero por sobre todo, esclavo. Esto de “hablar de poesía como si no pasara nada” me interpela para hablar de otros lugares donde poesía puede ser innumerables cosas, pero en nada parecida a lo anterior y los tiempos son exactamente los precisos para su conversación. Porque he visto lugares donde poesía brota de un subsuelo para compostaje de formas de vida, proliferación de las vitalidades, pasiones alegres compartidas entre amigos, búsqueda infinita del hacer. 

Lugares donde poesía no es el poeta ni el poema del poeta, sino ardor, carne abierta en el centro del pecho y otras cosas. Donde se vive para desconfigurar y hacer montaje de criaturas desprendidas del origen, adquiriendo forma propia de existencia. Poesía como forma de conocimiento, pensamiento, fuerza vital que despierta lo oculto. Donde crear es la única razón profunda para explorar la percepción a fondo y desafiar los sentidos y los signos sin ninguna restricción. Poesía lavando platos, pasando la aspiradora, en el camino al almacén, arriba de la micro, fingiendo trabajar cuando pasa el jefe, poesía en la mirada reflejada en la mirada.

Hay lugares donde las palabras son cargadas de energía y las imágenes son infinitamente otras. Tiembla el cuerpo de otredades.

Conversaciones con aquellos que también caminan observando el entorno para encontrar alguna cosa que se pueda transformar o transgredir. Encuentro. 

Imaginar y realizar según las intuiciones. Estar atento, porque siempre hay un murmullo por debajo de la tierra. 

Conversaciones con los compañeros en estado de vigilia porque juntos seguiremos germinando. Disolución de fronteras y de nombres, borroneo, reescritura (hubo un tiempo en que la tachadura fue sincera).

Silencio, esculpir en la sombra. Memoria, conectar las cosas distanciadas, como el nombre de los muertos y la sensación del cuerpo. Conocer las otras formas existentes, entrelazamiento. Hacer arder las estructuras fijas, en la calle, arrancar la vigilancia de raíz, poiesis

Soltura de consciencia, sumergirse en el terreno de la noche y ejercer la libertad que nos han arrebatado. Ejercer la libertad que nos han arrebatado. Ejercer la libertad que nos han arrebatado. ¿Cómo que no están los tiempos para hablar de poesía?

Isidora Vicencio, poeta
Valdivia